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Vinos blancos fermentados y/o criados en barrica.

Aunque la gran mayoría de las veces el vino blanco fermentado en barrica suele ser criado también en barrica, son dos conceptos diferentes, aunque con mucho en común.

Los blancos fermentados en barrica se suelen elaborar en recipientes de madera abiertos, este tipo de elaboración suele dar vinos con más estructura que los fermentados en depósitos de acero inoxidable, suelen ser más untuosos, y más largos en boca.

En cuantos a los criados en barrica, suelen tener más cuerpo que los anteriores, el contacto con el roble se prolonga, y con él la cesión de taninos al vino, y en consecuencia, el aumento de la estructura.

También van a ser vinos con más complejidad aromática, ya que a los aromas varietales se unen los aromas que les cede la barrica, ya sean aromas tostados, vainilla, especiados, ahumados, etc.

Además, estos vinos son criados, generalmente, con sus lías (restos de levaduras que quedan en el vino tras la fermentación, cediendo aromas y manoproteínas, estas últimas lo dotan de untuosidad, y volumen en boca).

Como apunte extra, estas lías, reducen la necesidad de sulfuroso, ya que son un protector natural del vino, y aumentan la sensación de redondez.

El color de los vinos criados en barrica, difiere de los sólo fermentados en barrica, suelen tener una tonalidad más dorada debido a la mayor oxidación.

Ambos tienen una vida más larga que los vinos jóvenes, ya que está cesión de taninos aumenta la capacidad de guarda, dotándolos además en botella de más complejidad aromática, generándose aromas terciarios que lo enriquecen positivamente.

Como decía al principio, suele estar ligado un vino fermentado en barrica con un vino criado en barrica, ya que precisamente está fermentación en madera dota al vino de la estructura suficiente para ser criando en la propia barrica.

Espero haberos ayudado.

¡Salud! Wine lovers.

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