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Vino y queso. Armonía orgásmica.

¡Qué os voy a contar acerca del placer orgásmico de acompañar unas tapas de queso con un vino disfrutón!.

Pocos placeres culinarios se asemejan.

Existen tantos estilos de queso, dependiendo del tipo de leche, período de curación, tipo de coagulación, si la leche es cruda o pasteurizada, etc.

¡Y tantos estilos de vino!.

La afinidad entre estos placeres viene desde muchos puntos en común, y otros tantos no tan comunes.

Os daré unos cuantos:

● El queso es un alimento graso, el vino una bebida con acidez.
¡Voilá!, la acidez actúa haciendo efecto desengrasante, y “limpia” esa sensación grasa.

● El vino (tinto principalmente), contiene taninos, y el queso es graso, y la sensación astringente del vino es suavizada con esa sensación grasa del queso.
(Binomio tanino-grasa).

Por eso aquello de “que no te la den con queso”, pues antiguamente cuando se daba a probar un vino de no demasiada calidad, antes te daban unas tapas de queso que saturaba las papilas y camuflada posibles defectos del vino.

● El queso es un alimento salado, y el sabor salado ensalza las cualidades del vino (los hace más afrutados, menos astringentes, menos ácidos).

● Ambos son productos que pasan por un proceso de curación en el caso del queso y crianza en el caso del vino.

A la hora de elegir el vino ideal para acompañar un maridaje con quesos, yo siempre opto por elegir vinos que no cansen demasiado el paladar, que no saturen las papilas, y que sean versátiles.

Si elegimos un tinto, para acompañar una tabla variada, que sea un vino de buena acidez, y no demasiado tánico (Bierzo, Navarra, Galicia…).

Algunas pistas que os harán disfrutar:

● Es obvio, pero vino y queso de la misma región hacen buenas migas.

● Que el sabor o la potencia del queso no apaguen al vino.
Un camembert, con un vino suave, de poco o cuerpo medio.
Un Cabrales, potente, con un vino con mucho cuerpo y sabor. También por contraste con un vino dulce y buena acidez (un vendimia tardía bien conseguido, por ejemplo).

● A mayor curación del queso, mayor crianza del vino (ya sea blanco, tinto, espumoso, etc.)

● Los quesos de pasta blanda con vinos espumosos, cuya acidez y carbónico, suavizan esa sensación que suelen dejar estos quesos.

● Los quesos más aromáticos (cabra y oveja) con vinos de variedades más aromáticas).
Si además el queso es de leche cruda, más aromático será al no estar la leche pasteurizada, ya que durante este proceso pierde propiedades).

● La VERSATILIDAD de los vinos de Jérez no podemos dejarla de lado, aromáticamente son un todo terreno, abarca un amplio abanico de aromas (en otro post os hablaré de este tipo de vinos, tan olvidados y tan singulares).

Y sin duda, la versatilidad de los vinos espumosos, pues a su acidez, se une el carbónico que aumenta la sensación ácida y son ideales para acompañar cualquier queso.

●Vinos de más acidez (blancos, espumosos, etc..) con quesos más grasos (cabra y oveja).

A grandes rasgos, hasta aquí puedo leer, os invito cuando se pueda, a asistir a una de mis catas y disfrutar de estas armonías, una explicación más detallada, y sobre todo, a vivirlo en persona.

¡Salud y buen vino!

Algunas sugerencias:

Perfum

Brezo Mencia

Raventós i blanc de blancs

La Huella de Aitana

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