Wine Lovers

Armonías entre Vino y Comida

Amantes de los placeres sensoriales, hablemos de armonías entre vino y comida.

En esta entrada entramos en materia en mi gran pasión, las armonías entre vino y la comida.

Os hablaré muy por encima, ya que esto da para mucho, y lo mejor es que me consultéis siempre que queráis, os aconsejaré con todo el gusto del mundo, y espero poder ayudaros a que la experiencia sea sublime.

Partiendo de la total libertad a la hora de abrir un vino y disfrutarlo porque sí con lo que hayas cocinado ese día, si que os puedo SUGERIR a partir del estilo de vino, la variedad, el tipo de crianza (o no), los aromas, el cuerpo del vino, el alcohol, la acidez, etc…con qué acompañar ese plato.

Hay infinidad de maneras de buscar y encontrar la afinidad, una de ellas, y la que más me gusta personalmente, es la de la afinidad por moléculas aromáticas.
Tanto en los alimentos, como en los vinos existen moléculas predominantes, he ahí una gran pista para buscar la armonía entre ambos.

Algún ejemplo sería: el de aceituna negra y la varidad syrah, el regaliz y la tempranillo, la garnacha y la canela, cordero y Riesling, verdejo y anisados (eneldo, hinojo), etc, etc…¡esto da para mucho, muchísimo)

Como ya se cita en los  libros que tanto me gustan de Francois Chartier, el gran gurú de la sumillería molecular, 1+1=3.

Esto es lo que ocurre cuando hay unión en la mesa entre estos dos compañeros, y ocurre cuando el vino ensalza los sabores y olores del plato, que las sensaciones son de éxtasis culinario.

Otra opción sería buscar la afinidad por sabores, ya sabéis:
Dulce, ácido, salado, amargo, a los que añadiría el umami (sabroso, alimentos con alto contenido de glutamato de sodio), metálico, y picante (aunque no es un sabor en sí, sino una sensación neurológica).

Como en el punto anterior, esto da para mucho, pero deciros que la sal y la acidez en la comida, ensalzan las características organolépticas del vino,
el dulce y el amargo lo contrario.

El amargo es un sabor complicado, pero obviamente habría que buscar un vino con baja tanicidad, un blanco (sin paso por barrica), rosado (sin paso por barrica), o un espumoso.

El sabor dulce, se puede ensalzar con un vino dulce (siempre menos dulce, para que no quede por encima), o un vino de buena acidez y versátil (espumoso).

Y hablando de espumosos, son los vinos ¡más versátiles!, pueden acompañar desde un aperitivo, hasta el postre, pasando por un entrecot (sí, sí, habéis oído bien).
Ideal también par acompañar una tabla surtida de quesos, jamón, foie, etc, etc..

Las armonías por texturas, por zona geográfica, por contraste (otro de los maridajes que más me gustan, arriesgado, pero cuando funciona es brutal), son otras de las maneras de encontrar la sinergia.

Lo dicho, podría estar horas y horas escribiendo sobre esto, pero lo mejor es que me pidáis consejo, con mis mejores intenciones os daré mi opinión.

¡Salud y buen vino!

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